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Mis expectativas

La mágica idea que vende la propaganda de Disney y de todos esos lugares, la familia feliz con risas, la idea de los recuerdos que yo no tengo y que me imagino que seria padrisimo tener.

Mi realidad

No me gustan las multitudes alrededor de las compras o las colas para acceder a lo que sea, no me gusta que me empujen, no me gusta empujar. Los túneles dentro de los juegos, los juegos, más bien pesadillas, bromas pesadas y malísimas no me gustan nada de nada, pero estoy aquí porque creo que es parte de apoyar a mis hijos en tener una vida plena y llena de diversas oportunidades.

Plan Be

Escogemos, consciente o inconscientemente, inclusive al ceder nuestra voz y voto y no escoger es escoger o permitir esta dinámica. Dentro de nosotros tenemos absolutamente toda la responsabilidad de escoger. Qué importante es observar, neutral y curiosamente, porque estamos caminando hacia la obscura cueva de la que parte nuestra búsqueda. Y me pregunto cómo puedo integrarme desde la humildad, responsabilidad, compasión y voluntad, cómo puedo tomar mi lugar en el universo, ni más ni menos.

Apenas hemos recorrido la mitad de la fila para acceder al Mundo Mágico de Harry Potter, parque temático en Universal Studios, en California. Una parte de mí está exhausta y sobre todo fastidiada, al límite de mi paciencia. Cuando por fin entramos, mis hijos no paran de hablar, por momentos creo que están poseídos con todas esas energías de todas esas personas que vamos en línea sudando juntos a través de esos largos pasillos oscuros que simulan los pasillos entre lo mágico y lo ordinario. ¿Será el azúcar en los dulces que acepté comprarles de camino al parque? ¿Están afectados y distraídos ellos o más bien soy yo? Debe tratarse de una sobrecarga de los sentidos por todos esos personajes vestidos con batas de mago moviendo sus varitas, luces y rayos láser, juegos mecánicos que giran en espirales infinitas, o las palomitas de caramelo, o todo; por Dios, qué confusión dentro de mí, y cada vez más oscuro y más caliente y mas incomoda esta espera.

Miro a mi alrededor, cientos de personas agolpadas, casi todas viendo sus celulares, compitiendo en caos para disfrutar un poco más de caos, claro, uno predecible y organizado, la cosa es esa necesidad de experimentar adrenalina, intensidad, predictibilidad aun en tanta incomodidad, SENTIR. Me queda claro que soy increíblemente sensible y tengo que estar muy pero muy enfocada en estar serena, siempre, muchísimo más en este tipo de situación, donde las las multitudes parecen laberintos tan desagradables como interminables. Queda claro que la realidad es lo que es y cada uno la interpreta como puede.

Afuera la gente normalmente goza, paga por estas actividades, que para mí son deliberadamente un castigo. Es interesante ver que operamos a tantos niveles simultáneamente. En este tipo de circunstancias me doy cuenta de cómo algo dentro de mí se siente tan agraviado, por caer en esta rutina de seguir patrones de lo que en alguna publicidad, algún día vi, de lo que es una infancia feliz. Una parte de mí se siente tan irritada, tan completamente desalineada que utiliza todo tipo de mecanismos de sobrevivencia disponibles. Comer, tomar, pelear, comprar lo que sea, da igual. Si de por sí ya era incómodo, una vez echados a andar estos mecanismos ahora sí dentro de mí surge la madre de todo el caos. ¡Sálvese quien pueda!

Esto es un ejemplo muy simple y sin embargo una metáfora perfecta de muchos eventos de mi vida, expectativas y decepciones, premios y castigos, vivir o morir; así viví por muchos años, evadiéndome y en muchas ocasiones poniéndome en situaciones sumamente incómodas, siempre en una búsqueda de lo que me imaginaba que sería la versión corregida (por mí, claro está) de mi vida.

Cada que me descuidaba, entraba en una especie de ataque de pánico funcional, una especie de estrés postraumático (PTSD) que sólo notaba yo misma. Para sobrevivir me acostumbré a ser muy buena en seguir y seguir a pesar de lo que fuera, y esto incluía aguantarme las molestias, en muchas de las ocasiones no era evidente ni para mi persona el grado de contracción en el que me encontraba, en algún nivel de conciencia, un estado de emergencia que justificaba el desalinear mi camino en pos del rescate de lo que esa parte definiera como peligro fatal.

Tuve que perder todo el control, toda la humildad que viene de ello, y lo más importante, el tiempo, para encontrar la determinación y compromiso dentro de mí y alinearme para superar estos hábitos disfuncionales que me mantenían a flote, sí, pero en un charco de lágrimas de generaciones y generaciones. Estos pensamientos no son lineales ni cronológicos ni mucho menos lógicos, pero son míos y nada me da más gusto que compartir en toda autenticidad todo lo que pueda ser de servicio, poco a poco.

Lo más complicado e inmediato, la humildad de dejar ir una forma de ser, de pensar y de vivir caduca y obsoleta. Lo más fácil pero muy tardado, desaprender a manejar mi energía de formas tan destructivas para mí y aquellos a mi alrededor, pues en mi experiencia esa parte que sufre, se siente verdaderamente ahogándose y con el derecho de hacer lo que sea necesario para sobrevivir.

Aquí es donde creo que hace la diferencia tener herramientas y contar con la certeza de que existe simultáneamente un espacio de armonía y balance en donde podemos tomar la ecuanimidad y fortaleza que ultimadamente buscamos con estos mecanismos de afrontamiento. Por eso I AM y BLOG IAM y VENA-CAVA y todo lo de SUSTENTABILIDAD HUMANA.

Estos mecanismos de afrontamiento que nos ayudan a sobrevivir este tipo de caos interno, de alguna manera se van sofisticando y transformando en hábitos que posteriormente perdemos de vista y confundimos con nuestra propia identidad, pues ya están tan profundamente arraigados que forman una especie de ecosistema. Me parece que es tan difícil superar las adicciones en gran medida porque en la profundidad de la conciencia hay vínculos estrechos entre momentos que una parte de nosotros no puede soportar y aquello que parece aliviar la desesperación.

Dentro de mí, este tipo de momentos, que para cada quien son distintos, encienden una serie de señales de alerta, que mi sistema nervioso central recibe como emergencia. Sin embargo, mi respuesta, gracias a estar comprometida en actualizar mi conciencia a todos niveles y en todos los sentidos, ha ido mejorando poco a poco. Todas estas herramientas primero que nada las uso en mi día a día; vivo comprometida para expandir ese espacio entre estímulo y reacción, en tomar mi espacio en el universo, ni más ni menos, y fluir en conciencia hacia la Sustentabilidad Humana, donde mi bienestar y el de mi grupo son uno mismo y siempre están alineados con el bien mayor.

Los ríos de gente nos conducen a una nueva atracción. Apenas puedo reaccionar. Mis hijos están conmigo, no les quito un ojo de encima, estoy atenta en todo momento. Intranquila. Hago un esfuerzo por no perder el control. Respiro, me concentro en el momento, pero la angustia que me provoca estar en este lugar y no en el workshop campestre con mis hijos, como había planeado, me bloquea. Ya no soy la mamá que dirige, que enseña, que guía a sus hijos. Soy un pasajero más en una máquina que no controlo. Siento una sacudida que presiona mis entrañas, el tirón de la gravedad no es suficiente para plantarme en el momento, estoy desencajada. Gritos de emoción de fondo, me encuentro de cabeza, un segundo después estoy de pie, girando a toda velocidad en una especie de canastilla, absolutamente nerviosa y preocupada de que uno de mis hijos pueda salir disparado de la atracción en cualquier momento.

Desde los diez años, me han dado todo tipo de diagnósticos con el sistema autoinmune, creo que la discusión de que fue primero el huevo o la gallina aplica impecablemente con este tema. Hoy por hoy, me porto tan bien que me ha sido fácil tomar el pulso de mi sistema y colaborar con él.

Hoy en dia me queda claro que es posible ir mejorando y actualizando nuestra propia vida y aun la forma en la que tenemos integrada nuestra historia. Todos los polvos mágicos, bendiciones, intenciones, lociones y pociones, todo eso, lo que sea ayuda, sin embargo lo que a mí me hizo la diferencia, o donde sé que activamente participo es en la conciencia de la responsabilidad y la gran voluntad y compromiso en estar presente en mi propia vida. Eso no es tan fácil para todos.

Todo mi amor y compasión a todos, y a tantos para quienes lo simple es complicado, un abrazo apachurrado y lleno de consuelo, ánimo. Me queda claro que a eso venimos a esta vida, a poner nuestro granito de arena y participar con la evolución a través de nosotros, dejándole mejores alternativas en todos sentidos a las siguientes generaciones.

Así poco a poco desde una auténtica autoestima, desde nuestra salud a todos niveles, desde nuestra integridad a todos niveles, nos inspiramos a ser creativos y a educarnos con la inminente necesidad de cuidar del planeta. Conocer y cuidar nuestra frecuencia energética y, con ella, la calidad de todos los niveles de conciencia en los que participamos, estar conscientes de cómo esto nos impacta individualmente y se vuelve el pulso del colectivo que formamos, nuestra gran familia humana. Es importante sabernos valiosos, relevantes, darnos cuenta y tomar responsabilidad por nuestra ecología interna, mantenernos en paz y evitar intoxicarnos individual o colectivamente.

En fin, otra vez de regreso a Harry Potter, definitivamente no era mi plan pasar el día rodeada de tumultos, niños, varitas y señores disfrazados de magos en un día caluroso, para entrar a un juego donde la diversión está en ser volteada boca abajo por un pistón mecánico y disparada a toda velocidad sobre un riel, en picada hacia las fauces de un dragón que escupe fuego.

Tomo la determinación de concentrarme, de sentir mi ritmo cardiaco y respirar al unísono, para crear un espacio de gracia y certeza. Todavía no deja de dar vueltas la condenada máquina, aún así, me engancho con la vida con todas mis fuerzas. Encuentro la fuente de mi resistencia. Respiro de nuevo y me alineo con el presente. Por fin comienzo a tranquilizarme, no falta mucho para que esta cosa se detenga. En cuanto eso ocurra voy a explicarle a mis hijos que debemos comportarnos como una familia, responsablemente hacia cada uno de nosotros, sin poner nuestros deseos por encima del otro, con amor.

No es mi idea de diversión, pero nada tiene que ver el juego, ni Harry Potter, ni los tumultos, ni las filas, ni el calor. Este tipo de líneas trenzan un ecosistema que mi cuerpo reconoce como peligroso. Lo que es un parque de diversiones para algunos, para mí es un parque de tensión y mucho trabajo interno. Además de estar buscando el balance en mi interior, estar al pendiente de mis hijos. Ah sí, un momento, todo esto se trataba de mis hijos, ya recuerdo. Los llevé para ser muy felices, estaban gritando desde que entramos, eso era fatal. Uso este día, como podría usar cualquier otro, al sacrificar lo que realmente es aquí y ahora para mí, pretendiendo estar allá y entonces a mí me cuesta muy caro. El espacio entre una y otra experiencia está unido por un inseguro y vulnerable puente colgante por donde me he caído un sin número de veces, sin embargo no sabía que podía tener otra historia, no sabía que inclusive yo podía escribir mi propia historia. Hoy lo sé y es lo que vivo para compartir

Todo pasa tan rápido que es difícil adaptarse al momento, me digo a mí misma que mi territorio y el de mis hijos, nuestros deseos y personalidades, no deben estar confrontados. Que nuestra relación tiene que ser dinámica y siempre actualizándose a quienes somos aquí y ahora.

Hoy mismo usé una metáfora con mis hijos enfatizando que nuestro amor es mas grande que como nos sentimos uno con respecto al otro en momentos difíciles y sin embargo nuestra personalidad es una maravillosa forma a la cual nos tenemos que alinear y con todo el amor y compasión observar y actualizar. Como los zapatos se ajustan al pie, el pie crece y los zapatos cambian, no es lo mismo andar en el lodo que en la nieve o en la playa, cada uno de los terrenos tiene zapatos que le van mejor, en este caso, nosotros somos ese pie y las relaciones esos zapatos que tienen que irse adaptando a quienes somos y no al revés, dejar de crecer para seguir usando los mismos zapatos.

Los hijos crecen, cambian, construyen su personalidad, y a partir de cierto punto hay que aprender a convivir con ellos como individuos. Yo tambien voy cambiando, me siento distinta y eso de ser madre exige la capacidad de sobrellevar los días de manera balanceada y en equilibrio para ofrecerles buenas alternativas. Qué buena inspiración de amar todo de mí, de crecer todas las partes que se resistieron a seguir, por miedo o por dolor. Mis hijos me enseñaron que dentro de mí vive el más pleno y absoluto amor, gracias a ellos hoy me amo como los amo a ellos, hoy amo y existo desde ese amor.

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Responsibilidad

Desde siempre he estado involucrada con el activismo y de una forma u otra he tratado de participar en el tema de los “indocumentados”. Esta labor me ha dotado de una actitud de responsabilidad hacia otras personas, un trabajo de activismo debe ser, ante todo, un trabajo de compromiso. Sin embargo, he descuidado aspectos de igual importancia, en mi vida privada. Esta experiencia fue una oportunidad de analizar a profundidad todo aquello que me hace sentir bienvenida, mis narrativas, así como el papel que juego en la responsabilidad de mi vida interior.

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Opportunidad

Una situación límite puede dar pie a una reflexión profunda. Para ello es necesario contar con técnicas y herramientas de actualización personal, de vida en continuidad con el flujo del tiempo y espacio. Esta historia es sobre cómo me mantuve presente gracias al entrenamiento personal y el fortalecimiento de dichas habilidad para estar aquí y ahora, inmersa en la vida, en el momento, no más y no menos. La vida está llena de oportunidad, hay que saber aprovecharlas.

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Búsqueda

Un encuentro con un agente de la aduana desembocó en esta experiencia en la que atravesé un pequeño infierno burocrático. A lo largo de esta búsqueda por llegar a mi destino, en la India, me hice consciente de que cada uno ejerce su pequeña burocracia interior. Dicha oficina burocrática del yo, es reflejo de nuestra realidad, de la manera en que posponemos e inventamos pretextos para no actuar, tal y como sucedió en la embajada de la India, donde día tras día vivía una repetición de procedimientos hasta el infinito.

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Idénticos

Freedom to Choose me ha invitado a colaborar con ellos, en las visitas y talleres que hacen en las prisiones de California, específicamente en el condado de Fresno, con el objetivo de brindar alivio a los seres humanos que purgan condena, algunas hasta de por vida. Esta experiencia derivó, por un lado, en la creación de un documental en colaboración con Creative Visions, y por otro, en el descubrimiento humano a humano, corazón a corazón, de que somos idénticos, más allá de las diferencias.

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Comprensión

Es muy difícil mantenerse en el camino cuando no sabe uno a dónde se dirige, cualquier vereda da lo mismo. Mantenerse en ecuanimidad, en el sendero que hemos elegido, y a la vez convivir con nuestros seres queridos, con sus narrativas, puede llevar a situaciones en las cuales nos sentimos incapaces de apoyar, de transformar para bien sus vidas. Eso ocurrió con mi padre, hombre obstinado. Así que tuve que aprender a lidiar con su vida y mi vida, en generosidad y respeto, dándole todo mi amor, bajo la luz de la comprensión.

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Huellas

Cada historia tiene un comienzo, o no. A veces las cosas ocurren porque sí. Quién lo sabe realmente. Esta historia que estoy por contarles inició en un lejano y viejo camino en España, el Camino de Santiago, y tiene por escenario principal el pueblo de Montserrat. El paisaje, los acontecimientos y las personas, dieron un giro inesperado que se volvió la metáfora más poderosa de mi vida. Una metáfora, hecha de huellas, hacia la sustentabilidad humana.

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