Ser capaz de ver la luz

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Al escribir esto siento una gran emoción, siento la vida dentro de mí, siento mi alma, corazón y esencia, y todo esto lo puedo experimentar ahora en mi cuerpo, que ya no tiene miedo de sentir, de vivir el momento presente que nos contiene a todos en la voluntad suprema.

Soy terapeuta psicocorporal y trabajo de forma individual o con grupos en talleres de crecimiento interior y desarrollo humano. Cuando imparto los talleres, ya sea de mindfulness o en los que enseñamos a las personas a conectar con su cuerpo, provocando y permitiendo la vibración de éste para la liberación de estrés y tensión, surgen momentos en los que se producen desbloqueos emocionales. Dicha experiencia es muy fuerte para paciente y terapeuta.

Cuando un ser humano se da la oportunidad de sentir, rompe una barrera; puede ser un momento sumamente emotivo. Mi trabajo es acompañar a los pacientes por medio de la contención terapéutica para que logren autodescubrirse, reconocerse como humanos sensibles, con una historia, con dolores y tristezas, para que emerjan con su humanidad un poco más completa, reconocida e integrada.

En esos momentos surgen pequeños estallidos que pueden ser muy intensos o muy sutiles, por medio del llanto, la risa o el enojo, lo que cada uno traiga en ese momento. Cuando se dan permiso de sentir, las personas se abren, y eso es hermoso, mágico. Yo sólo les acompaño amorosamente, o los confronto, según sea el caso. Antes de iniciar pongo mi voluntad en manos de la voluntad divina. Desde ese momento sé que soy el medio para que el ser superior trabaje, apoye al otro y lo acompañe en su autodescubrimiento. Es aquí donde creo que se juntan lo humano y lo que va más allá de lo humano. Es un trabajo hermoso, que amo y que soy feliz de hacer.

Me considero una guerrera del camino y me gusta compartir lo que he aprendido a lo largo del camino junto a otros. Me encanta trabajar con grupos, reconocer su sabiduría, aprendiendo siempre de cada participante. Sentir la vida conectar conmigo y los demás me hace vibrar, reconocerme, sentirme  a través de los demás seres humanos.

No todo es miel sobre hojuelas. Mi autoexigencia, mi necesidad de controlar y pensar que tengo que ser perfecta me lleva a juzgarme y exigirme duramente, dejando de ser sutil y amorosa conmigo misma. Muchas veces hago lo mismo con otras personas, les exijo y las juzgo, dejando de ser sutil y amorosa con ellos. Sé que puedo ser una tirana y actuar desde el ser inferior que quiere controlar. Esto me aleja de mi centro, de mi esencia amorosa, y del otro. Sin embargo, aunque no me guste, reconozco que es parte mía, y que también me ayudó a ser lo que soy. Sólo que hoy me doy cuenta cuando estoy en ese lugar oscuro y puedo hacer lo necesario para apartarme.

En la medida que aceptamos nuestras contradicciones descubrimos la clase de seres únicos que somos y podemos acercarnos a la abundancia. Para ello es necesario aprender a sintonizar con la vibración del universo, con claridad y consciencia, para darnos cuenta de cómo fluimos con él y cómo surgen los milagros, uno a uno, empezando por nuestra existencia. Así valoramos desde la presencia, desde el ser uno con la fuente universal, creadora de todo, que somos co-creadores de realidades y responsables de lo que hacemos en el mundo.

Cuando las cosas no salen como esperamos, la lección más importante que he aprendido es la de confiar y no resistirme, sin tratar de controlar, cosa difícil para mí, soltando y como en México decimos: flojita y cooperando. De lo contrario, entro en el territorio del miedo y distorsiono las cosas. Ahora sé que lo que se resiste persiste, por ley de vida, entonces a soltar y empezar a ver las ganancias que vienen de las pérdidas.   

Al enfrentar una situación de crisis he aprendido a confiar en mi intuición, en respirar profundo para bajar la emoción y poder pensar con mayor claridad  y darme cuenta de cuáles son mis mejores alternativas. Aprender a confiar y asumir las consecuencias de las decisiones que tomo, siempre respirando profundo para no tomar decisiones aceleradas, aunque en ocasiones no tenemos mucha opción. La respiración consciente ayuda mucho a poner las cosas en mejor perspectiva.

De las cosas que he aprendido a lo largo de esta vida, a veces con mucho dolor, es que sólo somos la experiencia presente, y es aquí y ahora donde nos conectamos con lo que hay, lo demás son historias que nos contamos, que quizás nos han llevado a ser lo que somos, pero lo que realmente somos es el momento, esto que hoy es y que he venido construyendo en cada momento de mi vida. Soy responsable de  lo que sucede, soy co-creadora de mi realidad, y puedo elegir qué pienso y cómo lo pienso, puedo ser positiva o negativa, agradecida o resentida. Todo está en constante cambio, nada es permanente, es por ello que disfrutar el hoy, el momento presente, es lo real y lo que está para mí.

Ese espacio donde todo permanece es la consciencia universal que integra todo y a todos, más allá de la individualidad. La meditación nos ayuda a entrenar nuestra mente para acceder a esos espacios donde sólo somos respiración, luz, ausencia de ruido mental. Alerta de lo que sucede dentro de mí y a mi alrededor, presente: es ahí donde yo creo que nos podemos conectar con la consciencia universal. Sintonizando con esa frecuencia todo es posible, es potencia, abundancia, amor y oscuridad para poder ver la luz.


Español, PerfilesClaudia Flores